No puede negarse que en las obras de esta artista pueden rastrearse la influencia de las transformaciones que el ámbito escultórico ha sufrido a lo largo del tiempo, especialmente aquellos del siglo XX, especialmente referidos al cambio de status del objeto cotidiano en pieza de arte. Veit -al otorgarles una cualidad orgánica y escultórica casi corpórea- genera una permuta trastorna en la percepción de lo común pues combinando las cosas que forman parte de su propia experiencia (y que a la vez pueden ser reconocibles por el espectador) con cualidades escénicas y fantásticas tanto en las esculturas como en las instalaciones.
Veit establece en cada pieza un vínculo entre la representación y la ilusión de realidad. Para lograrlo, su trabajo da más importancia a las cualidades formales que a la funcionalidad. Reinventa los objetos a través de los materiales que emplea, el carácter de inanimado se modifica y adquieren una nueva vida; se desprenden de las funciones que los seres humanos les otorgan al diseñarlos y fabricarlos. En este sentido, Veronika Veit expresa una narratividad diferente en cada trabajo, hace visible la maleabilidad de los materiales y coloca los objetos en un contexto de contemplación para demostrar que la belleza intrinseca de las cosas que comúnmente nos rodean se encuentran subestimadas opacada, olvidada, ignorada, relegada en aras de la utilidad.