10 Feb, 2017

EL PAIS / CULTURA

Mujeres dedicadas al mundo del arte en México debaten sobre la desigualdad de género en el sector con motivo del inicio de Zona Maco

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Desde la izquierda, Sofía Mariscal, Violeta Horcasitas y Nina Menocal. OSCAR A. SÁNCHEZ
Poco o nada influye hoy que uno de los principales baluartes del arte mexicano sea mujer, que su casa convertida en museo, flanqueada por un inconfundible muro azul añil en la colonia de Coyoacán (Ciudad de México), sea el espacio artístico más frecuentado del país con 300.000 visitantes al año, o que, además, sea reconocida como una de las banderas del feminismo internacional. A pesar de su fuerza, la figura de Frida Kahlo no ha podido tumbar los estereotipos de género en el arte contemporáneo mexicano: la presencia de mujeres artistas es notablemente menor en museos, galerías y ferias, y los roles de ellos y de ellas se mantienen bien diferenciados en el sector. EL PAÍS ha organizado un encuentro para debatir estas cuestiones con tres mujeres dedicadas al arte en la capital mexicana: las galeristas Nina Menocal y Sofía Mariscal y la curadora Violeta Horcasitas, con motivo del inicio este miércoles de Zona Maco, la feria de arte contemporáneo más importante de México.

Sofía Mariscal (Ciudad de México, 1984), directora de la galería Marso, prepara una exposición que gira en torno a la diferenciación de papeles en función del género en el sector. “Las personas que dirigen las galerías son mujeres, en general, o parejas, pero los artistas a los que representan son hombres. Este reparto de roles significa que la curadora, la galerista… están al servicio del artista-genio”. Reflexión que Nina Menocal, galerista cubana instalada en Ciudad de México desde 1989 y la voz que relativiza muchas cuestiones de la discusión, rebate: “Pero también quiere decir que hay muchas curadoras y galeristas mujeres”. “Sí, pero es interesante ver por qué sucede esta distribución de papeles”, insiste Mariscal, que estudió en La Esmeralda, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, donde Frida Kahlo impartió clases y conformó un grupo de jóvenes pintores conocidos como Los Fridos. 

Hace casi 28 años, cuando Menocal abrió la galería que lleva su nombre, especializada en sus inicios en arte cubano, las personas dedicadas al arte contemporáneo en Ciudad de México podían contarse con los dedos de las manos. Entonces y hoy “los hombres prefieren hablar con hombres”, apunta la galerista. “Pero las mujeres somos mejores porque a una mujer coleccionista le da igual tratar con un galerista hombre o mujer”, remata.

El género de una obra

¿Vienen marcados la presencia y el papel de la mujer por el tipo de arte que hacen? Para la artista Sofía Ortiz (Ciudad de México, 1988), ha habido momentos en que su obra, hecha en su mayoría con acuarela sobre papel, ha sido descrita como femenina. “Cuando ha pasado esto he sentido que era algo negativo. El color está muy asociado a la mujer. Aunque hay muchos hombres que utilizan muchos colores, a ellos no se les va a hacer una apreciación sobre el uso de esta técnica”, explica por teléfono desde Estados Unidos, donde realiza un máster en la Escuela de Diseño de Rhode Island.

Para Menocal, “muchas mujeres artistas mexicanas hacen lo que hizo Frida Kahlo: un arte introspectivo”, por lo que, en su opinión, el arte que realizan los unos y las otras es diferente. Las tres expertas reunidas en Ciudad de México empiezan a citar nombres de mujeres artistas que crean obras “muy duras”. No creen que esta tendencia sea fruto de una adaptación para que estas piezas hechas por mujeres puedan encajar o competir en el mundo del arte contemporáneo. “Pero sí que hay una homogeneización o un cambio de estilo, que están haciendo algunos jóvenes —no todos, gracias a Dios—, para ir con el curso del mercado”, apunta Menocal. 

Dificultades en la carrera profesional

“No sé si me discriminaron por ser mujer o por ser joven”. Mariscal fundó su galería cuando tenía 26 años. Entonces, cuando coleccionistas interesados en una obra llegaban, le solían decir: “Quiero negociar con el dueño, o”. “Era como si un señor tuviera que venir para darle validez a lo que estaba haciendo yo”, recuerda la directora de Marso. Frente a este tipo de situaciones, la curadora Horcasitas reivindica que en habría que incluir a los hombres en el debate. “La palabra feminismo nos sigue como asustando, pero tendríamos que autoproclamarnos todos feministas”. 

Sobre cómo podría influir el arte en la reducción de la desigualdad entre hombres y mujeres en la sociedad, las opiniones son muy dispares. Mariscal opina que, como en cualquier otro ámbito profesional, la manera de incidir es “contratando a más mujeres, no haciendo jamás la pregunta de si estás embarazada, apoyando más proyectos de mujeres…”. Para Horcasitas y Menocal, cualquier forma de cultura puede cambiar el mundo. “El arte puede hacernos reflexionar sobre el machismo y así acabar con él”, apunta la curadora. La artista Alejandra Laviada (Ciudad de México, 1980), fundadora y diseñadora de la marca mexicana Pantera, va directa al grano: “La mayoría de iniciativas que actualmente apoyan a mujeres han sido ideadas por mujeres que se han unido, pero me gustaría ver más apoyo en el ámbito institucional”.